Fécula de maíz

Descripción
La fécula de maíz es el almidón extraído del grano de maíz. A diferencia de la harina de maíz, no contiene el grano molido completo: durante su elaboración se separa el almidón, obteniendo un polvo blanco, muy fino y prácticamente neutro de sabor.
Fécula de maíz, harina de maíz y Maizena: ¿son lo mismo?
Esta distinción es importante porque suelen confundirse.
La fécula o almidón de maíz es únicamente el almidón extraído del maíz y se utiliza principalmente como espesante. La harina de maíz se obtiene moliendo el grano y tiene propiedades diferentes, por lo que no son ingredientes intercambiables en muchas recetas.
Maizena, por su parte, es una marca comercial que se ha hecho tan conocida que en muchos países su nombre se utiliza coloquialmente para referirse a la fécula de maíz.
Cómo utilizarla para espesar sin formar grumos
Nunca conviene añadir la fécula directamente a una salsa caliente. Lo mejor es disolverla primero en una pequeña cantidad de líquido frío —agua, leche o caldo, dependiendo de la receta— hasta obtener una mezcla homogénea.
Después se incorpora poco a poco a la preparación caliente mientras se remueve. Al calentarse, el almidón gelatiniza y el líquido empieza a espesar.
Es preferible comenzar con poca cantidad: siempre podemos añadir más, mientras que corregir una salsa que ha quedado demasiado espesa es más complicado.
Para qué sirve en repostería
Además de espesar cremas y rellenos, la fécula de maíz se utiliza para conseguir determinadas texturas en bizcochos, galletas y otras masas.
Mezclada con harina de trigo, reduce proporcionalmente la cantidad de gluten y permite obtener preparaciones más tiernas y ligeras. También es un ingrediente fundamental de algunas recetas tradicionales italianas, como determinados tipos de crema pasticcera.
Sin embargo, esto no significa que podamos sustituir toda la harina de una receta por fécula: al no formar gluten, se comporta de manera completamente diferente.
Combina muy bien con
- Leche, para preparar cremas, natillas y otros postres.
- Chocolate y cacao, en cremas y rellenos.
- Frutas, para espesar rellenos de tartas, compotas y salsas.
- Caldo, para dar cuerpo a salsas y guisos.
- Harina de trigo, especialmente en repostería para obtener masas más ligeras.
- Huevos, en cremas y preparaciones dulces.
- Vainilla, limón y canela, en postres y cremas.
- Carnes y verduras, en salteados y preparaciones donde se utiliza para espesar la salsa.
- Patatas, en masas y preparaciones donde se busca modificar la textura.
Mejor evitar o usar con cuidado con
- Incorporarla directamente a un líquido caliente, porque forma grumos con facilidad.
- Cocciones excesivamente largas, que pueden reducir su capacidad espesante.
- Cantidades demasiado grandes, porque pueden dejar una textura gelatinosa y poco agradable.
- Recetas donde la harina aporta estructura, ya que la fécula de maíz no puede sustituirla directamente en cualquier preparación.
