
Albóndigas de espelta
Introducción
Si tienes espelta cocida y quieres utilizarla de una forma diferente, estas albóndigas son una receta sencilla y sorprendentemente sabrosa.
Para prepararlas no necesitamos triturar toda la espelta. Vamos a dejar la mayor parte de los granos enteros y trituraremos solamente una pequeña cantidad junto con el huevo. De esta manera conseguimos una mezcla que ayuda a ligar las albóndigas sin perder la agradable textura de la espelta.
El Parmigiano Reggiano aporta sabor y un poco de pan rallado nos permite ajustar la consistencia. La masa quedará bastante pegajosa, pero no caigas en la tentación de seguir añadiendo pan rallado hasta secarla: más adelante te enseño un truco muy sencillo para formar las albóndigas sin dificultad.
Ingredientes
Ingredientes principales
- Espelta 100 g (230g cocida)
- Huevos 1 unidad
- Parmigiano Reggiano 30 g (rallado)
- Pan rallado 50 g (4 cdas aprox)
- Aceite de girasol 500 ml (para freír)
- Sal 1 pizca
- Pimienta negra 1 rallada
Equipo
- Bol
- Batidora (o cuchillo)
- Plato (o fuente)
- Olla (para freír)
- Espumadera
Vídeo
Instrucciones
Enjuagamos la espelta en grano bajo el agua corriente y la ponemos en una olla con abundante agua. La cocemos siguiendo el tiempo indicado en el envase, ya que puede variar dependiendo del tipo de espelta utilizado.
Como referencia, muchas variedades de espelta en grano necesitan aproximadamente 20–30 minutos de cocción, aunque algunas pueden requerir un remojo previo y tiempos más largos.
Cuando los granos estén tiernos pero conserven una ligera consistencia al morder, escurrimos muy bien la espelta y la dejamos enfriar.
Pesamos 230 g de espelta ya cocida y bien escurrida y continuamos con la preparación de las albóndigas.

Separamos 80 g de la espelta cocida y bien escurrida y los ponemos en el vaso de la batidora junto con el huevo.
Trituramos brevemente. No queremos obtener una crema completamente lisa: debe quedar una mezcla algo gruesa que nos ayudará a ligar las albóndigas.

Pasamos la mezcla a un bol y añadimos los 150 g de espelta restantes, esta vez dejándolos enteros.
Añadimos el Parmigiano Reggiano rallado, sal y pimienta negra.
Incorporamos inicialmente 40 g de pan rallado y mezclamos bien.
Comprobamos la consistencia. Si la masa resulta excesivamente húmeda para poder manipularla, añadimos un poco más de pan rallado, hasta un máximo orientativo de unos 50 g.
No buscamos una masa seca. Es completamente normal que siga estando bastante pegajosa.

Preparamos un plato con el pan rallado para el rebozado.
Podemos untarnos ligeramente las manos con aceite para evitar que la mezcla se pegue demasiado.
Tomamos una pequeña porción de masa y le damos una primera forma aproximada. No hace falta conseguir todavía una albóndiga perfecta.
La colocamos directamente sobre el pan rallado y la hacemos rodar delicadamente hasta cubrirla por todos lados.
Una vez rebozada, la masa será mucho más fácil de manipular. Ahora sí, la tomamos entre las manos y terminamos de darle una forma redonda y regular.
Repetimos el procedimiento hasta terminar toda la masa.

Calentamos un poco de aceite de oliva virgen extra en una sartén a fuego medio.
Añadimos las albóndigas y las cocinamos, girándolas delicadamente a medida que se vayan dorando.

Continuamos hasta que estén bien doradas y crujientes por fuera.
Las retiramos de la sartén y las servimos calientes o templadas.

Podemos servir las albóndigas de espelta como aperitivo o como plato principal, acompañándolas con una ensalada fresca o con alguna de nuestras guarniciones de verduras.
Trucos y consejos
Escurre muy bien la espelta
La espelta debe estar cocida pero muy bien escurrida antes de pesar los 230 g. Un exceso de agua hará que necesitemos añadir más pan rallado y puede cambiar la textura final de las albóndigas.
Si acabas de cocinarla, déjala escurrir y enfriar antes de preparar la masa.
Tritura solamente una parte
De los 230 g de espelta utilizamos aproximadamente 80 g para triturar con el huevo y dejamos los 150 g restantes enteros.
La parte triturada funciona como elemento de unión, mientras que los granos enteros proporcionan textura a las albóndigas.
Añade el pan rallado poco a poco
Empieza con 40 g de pan rallado y comprueba la consistencia antes de añadir más.
La cantidad necesaria puede variar ligeramente dependiendo de cuánta humedad conserve la espelta y del tamaño del huevo. Podemos llegar aproximadamente hasta los 50 g, pero la masa final debe permanecer ligeramente pegajosa.
El truco para formar las albóndigas sin que se peguen
La masa es bastante pegajosa y puede adherirse a las manos. Puedes untarte ligeramente las manos con aceite para manipularla con mayor facilidad.
Pero el truco más importante es no intentar conseguir una albóndiga perfectamente redonda desde el principio.
Toma una porción de masa y colócala directamente sobre el pan rallado, aunque tenga una forma irregular. Cúbrela y hazla rodar delicadamente hasta rebozarla completamente.
Solo después de rebozarla le damos la forma definitiva con las manos. El pan rallado crea una capa exterior que hace que la masa sea mucho menos pegajosa y muchísimo más fácil de manejar.
Este consejo lo destacaría bastante en la página porque resuelve exactamente el momento en el que el usuario podría pensar: «esta masa está demasiado pegajosa, necesito más pan rallado». Y precisamente no queremos que haga eso.
No corrijas una masa pegajosa añadiendo pan rallado sin parar.
La masa de estas albóndigas debe conservar cierta humedad. Si añadimos demasiado pan rallado simplemente para poder formar fácilmente las bolas con las manos, podemos terminar obteniendo unas albóndigas demasiado secas.
Haz justamente lo contrario: forma una porción de manera aproximada, pásala inmediatamente por el pan rallado y termina de darle forma después de rebozarla.
Una vez cubierta, notarás que prácticamente deja de pegarse y resulta mucho más manejable.
Preguntas y respuestas
Sí. De hecho, es una excelente receta de aprovechamiento. Lo importante es que la espelta cocida esté bien escurrida antes de pesarla y preparar la masa.
Trituramos una pequeña cantidad junto con el huevo para obtener una base que ayude a mantener unidas las albóndigas.
Dejamos el resto de la espelta entera para conservar la textura característica del cereal y evitar obtener una masa completamente homogénea.
Una masa ligeramente pegajosa es normal. Puedes untarte las manos con un poco de aceite y, sobre todo, evitar intentar formar perfectamente las albóndigas antes de rebozarlas.
Pasa cada porción directamente por el pan rallado y termina de darle forma después: será mucho más fácil de manipular.
Añade pan rallado poco a poco, mezclando después de cada adición. No añadas grandes cantidades de una vez, porque podrías terminar con unas albóndigas secas.
Sí. Podemos preparar y formar las albóndigas con antelación, conservarlas bien tapadas en el frigorífico y cocinarlas posteriormente.


